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faceta artística más notable del
Misterio de Elche, es la musical. El drama ilicitano
es totalmente cantado y contiene melodías
que, según la opinión de los expertos,
proceden de diversas épocas: hay cantos
de clara ascendencia medieval, existe un interesante
apartado renacentista e incluso se detectan
adornos y añadidos de la época
barroca y aún posteriores. Sin embargo,
su unidad musical es extraordinaria como se
ha puesto de manifiesto en los diferentes estudios
e investigaciones realizadas al respecto. Investigaciones
que desde los primeros años del siglo
XX hasta nuestros días han sido desarrolladas
por destacados musicólogos y estudiosos,
como Felipe Pedrell, Oscar Esplá, Samuel
Rubio, Ismael Fernández de la Cuesta,
José M. Vives o M. Carmen Gómez
Muntané.
Los cantos del Misterio pueden clasificarse,
grosso modo, en monódicos y polifónicos.
Concretamente, de las veintiseis piezas musicales
que recogen los consuetas históricos
de 1709 y 1722 -sin contar el salmo In exitu
Israel d'Egipto, que se repite en tres ocasiones
durante el segundo acto-, diez son monódicas
y dieciseis polifónicas, aunque en ambos
casos existen repeticiones de melodías
con diferentes textos literarios.
Algunos de los cantos monódicos -más
abundantes en el primer acto de la obra- presentan
claras influencias del gregoriano medieval.
De hecho, el propio consueta señala que
uno de los cantos de la Virgen María
ha de realizarse al tono del Vexilla Regis,
himno compuesto en el siglo VI en honor de un
fragmento de la Vera cruz de Jesucristo.
Igualmente se han detectado puntos de contacto
entre algunos cantos de San Juan y de San Pedro
y el himno gregoriano Victimae paschali laudes.
Esta técnica de adaptar textos literarios
nuevos a músicas preexistentes, tanto
religiosas como profanas -conocida como contrafactum-,
era muy común en las antiguas representaciones
teatrales ya que de este modo los espectadores,
familiarizados con las melodías originales,
se identificaban rápidamente con la escenificación.
En otros casos, la abundantísima ornamentación
melismática del canto, acumulada con
el paso de los siglos, impide la clara identificación
de su versión original. El ejemplo más
notable se encuentra en la melodía del
ángel de la nube o "granada".
También se han hallado en algunos de
los cantos polifónicos del Misterio puntos
de concordancia con villancicos y otras canciones
recopiladas en el Cancionero Musical de Palacio,
lo cual indica que en la reforma musical renacentista
del drama ilicitano del siglo XVI, además
de piezas originales compuestas al efecto, también
se incorporaron contrafacta de melodías
ya conocidas.
Gracias a unas anotaciones existentes en el
consueta de 1639, conocemos el nombre de tres
de los compositores que tuvieron parte activa
en la mencionada reforma polifónica.
Se trata de un tal Ribera que, con ciertas prevenciones,
se ha identificado con Antonio de Ribera, cantor
de la capilla pontificia de Roma entre 1513
y 1523. Otros estudiosos, sin embargo, se inclinan
a favor de un Ribera, que fue tenor de la capilla
imperial de Maximiliano II de Austria entre
1566 y 1567.
Otro de los autores conocidos de la polifonía
de la Festa es el canónigo Pérez,
identificado por los expertos como Ginés
Pérez (1548-1600), maestro de capilla
de la catedral de Valencia, canónigo
de la de Orihuela.
Por último, se menciona a Lluís
Vich, organista de la iglesia de Santa María
de Elche y primer maestro conocido de su capilla
musical (entre 1562 y 1594).
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También tuvo relación con la música
de la Festa el maestro de la capilla real de
Madrid, Juan Bautista Comes (1582?-1643) quien,
según el consueta de 1625, compuso una
pieza para sustituir la que cantaba la Santísima
Trinidad. Esta pieza no llegó a incorporarse
a la representación y aunque el mencionado
libreto reproduce los versos del canto, no se
conserva su partitura.
Actualmente, los cantos del Misterio -con la
salvedad del Araceli, que se acompaña
de guitarra y arpa- son interpretados a cappella.
Conocemos también la antigua intervención
de un instrumento de viento -generalmente un
fagot- que acompañó algunos motetes
de la obra, supliendo la voz del bajo, hasta
el primer tercio de nuestro siglo. Y, por otro
lado, hay constancia documental de la existencia
de una importante capilla de instrumentistas
y cantores en la iglesia de Santa María
de Elche que alcanzó su máximo
esplendor en el siglo XVIII. Entre tales músicos,
cuya presencia en el Misterio resumen los consuetas
con el genérico término de los
"ministriles", sin aportar más
datos ni partituras, se hallaban tañedores
de chirimía, corneta, flauta, oboe, sacabuche,
trompa, violín, arpa, etc., así
como cantores profesionales que, en ocasiones,
eran contratados en otras ciudades. Esta capilla
musical profesional desapareció en 1835
y con el fin de asegurar la continuidad de la
representación del Misterio, cantores
aficionados de la población -donde ha
existido y existe una significativa preocupación
por el canto coral- la tomaron a su cargo.
En la actualidad son los miembros de la Capilla
del Misterio de Elche -unos sesenta adultos
y unos treinta niños- quienes interpretan
el drama asuncionista. Y aunque salvo muy contadas
excepciones ninguno de ellos es profesional
del canto, la conjunción de voces alcanzada
y el buen hacer de tales cantores queda patente
en las escenificaciones anuales y en los conciertos
que suelen ofrecer de manera extraordinaria.
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© Misteri d'Elx |