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origen del Misterio de Elche no se ha podido
determinar todavía con exactitud por
falta de documentación. Sobre su nacimiento
existen dos tradiciones locales. Una de ellas
vincula la creación de la Festa
con la conquista del Elche musulmán por
las tropas aragonesas de Jaume I de Aragón,
en 1265, es decir al nacimiento de la villa
a la civilización cristiana. Otra tradición
legendaria intenta dar al nacimiento del Misterio
un origen milagroso y lo relaciona con la aparición
o "Venida" de la imagen de la Virgen
ilicitana el 29 de diciembre de 1370. De esta
manera, el consueta de la Festa se habría
hallado, junto a la figura mariana que la protagoniza,
en el interior de una arca de madera que flotaba
sobre las aguas del mar Mediterráneo,
en la cercana playa del Tamarit (hoy, de Santa
Pola), y que fue encontrado por el soldado guardacostas
Francesc Cantó.
Sin embargo, las investigaciones desarrolladas
en los últimos tiempos, tanto sobre la
obra ilicitana, como sobre el teatro medieval
europeo en general, proponen la segunda mitad
del siglo XV -etapa en que se detecta un auge
en el teatro de temática asuncionista-
como la época más probable para
datar el Misterio de Elche.
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Si realizamos un breve recorrido a través
de la documentación histórica
de la obra, veremos como en sus comienzos estuvo
organizada por algunas familias de la pequeña
nobleza local, como los Perpinyà o los
Caro. La referencia documental más antigua
de la Festa conocida hasta ahora, se
halla en el testamento de la ilicitana Isabel
Caro, de 1523, en donde legaba algunos fondos
para continuar una "grandísima fiesta
y solemnidad" que los religiosos de la
villa realizaban en la iglesia de Santa María
durante la festividad de la Asunción
de la Madre de Dios, en honor a una imagen de
la Virgen que la testadora poseía en
su casa y que, tras su muerte, debía
pasar a la ermita de San Sebastián.
Tenemos noticias de la existencia en la villa
en 1530 de una Cofradía de Nuestra Señora
de la Asunción que, con sede en la citada
ermita de San Sebastián, era la encargada
de preparar la festividad. Esta cofradía
se hallaba presidida por unos clavarios y mayordomos
y, además de las aportaciones de los
cofrades y de las limosnas recogidas, contaba
con ayudas anuales del Consejo municipal.
Sin embargo, el hecho de no poseer suficientes
recursos económicos y de que no hubiera
personas dispuestas a regir la Cofradía,
hizo que el Misterio estuviese en peligro de
desaparición en los últimos años
del siglo XVI. Fue en 1609 cuando, de manera
definitiva, el Consejo de la villa tomó
el acuerdo de hacerse cargo de la organización
y financiación de la Festa. Para
ello estableció una serie de impuestos
municipales, entre los que hay que destacar
el de la moltura de granos y el de la venta
de carnes. En este mismo sentido, hay que señalar
la existencia en la ciudad de una administración,
denominada de "la arroba del aceite",
que recogía una limosna dedicada a la
Virgen consistente en una arroba de aceite por
cada una de las calderas que la importante industria
jabonera cocía en Elche (siglos XVI-XVIII).
Las rentas de dicha administración se
destinaban, fundamentalmente, al mantenimiento
de las tramoyas de la obra y al pago de los
salarios de músicos y cantores.
Pero en el primer tercio del siglo XVII el Misterio
vió de nuevo peligrar su continuidad.
En esta ocasión fue el obispado de Orihuela
que, siguiendo las directrices de Trento, intentó
prohibir la representación alegando que
se realizaba en el interior de una iglesia.
El Consejo ilicitano recurrió a la Real
Audiencia de Valencia y consiguió que
en 1632 el Papa Urbano VIII firmara un rescripto
en el que se otorgaba un privilegio por el cual
se permitía la representación
del Misterio de Elche en el templo de Santa
María a perpetuidad.
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Éste no sería el único
roce existente entre la autoridad civil y la
eclesiástica por la organización
de la Festa. En los años 1700
-a causa de una cuestión de exención
de tasas municipales al clero- y en 1734 -por
una pugna sobre el nombramiento de Maestro de
Capilla- las fricciones entre ambos estamentos
subieron de tono de manera alarmante aunque,
finalmente, prevalecieron los derechos del Consejo,
fundamentados en las costumbres y tradiciones
históricas conservadas en la ciudad.
En los últimos años del siglo
XVIII -con la prohibición de la escena
de la "Judiada" a causa de los altercados
que ocasionaba- y en los primeros del XIX -con
la supresión de la capilla musical ilicitana-
el Misterio entró en un periodo de clara
decadencia artística. Decadencia que
se acentuó en el último tercio
del ochocientos, tanto por la escasez de recursos
económicos dedicados a la obra y la inestabilidad
en los cargos municipales -el Maestro de Capilla,
por ejemplo-, como, sobre todo, por la escasa
importancia que concedían a la representación
los propios ilicitanos, incluyendo las autoridades
políticas.
Fruto de una campaña de concienciación
promovida en la ciudad por el erudito cronista
Pere Ibarra y Ruiz, fue la creación en
1924 de la "Junta Protectora de la Festa
de Elche" que hizo posible una revisión
escénica y musical de la pieza. La partitura
fue depurada por el músico alicantino
Oscar Esplá quien, entre otras cosas,
repuso la escena de la "Judiada".
Este período restaurador recuperó
parte del antiguo esplendor de la obra y culminó
el año 1931 con la concesión al
Misterio por parte del Gobierno de la II República
del título de Monumento Nacional. La
tutela estatal organizó su vinculación
a la Junta Nacional de Música y Teatros
Líricos -dirigida por el citado Esplá-,
mediante un primitivo Patronato local.
Tras la Guerra de España (1936-1939),
se organizó en la ciudad la llamada Junta
Nacional Restauradora del Misterio de Elche
y de sus Templos, que tenía como misión
principal la reconstrucción de la iglesia
de Santa María -incendiada en febrero
de 1936-, así como la puesta en marcha
de las representaciones del Misterio suspendidas
durante la contienda. Acabadas sus tareas restauradoras,
en 1948 esta Junta fue transformada en el Patronato
Nacional del Misterio de Elche y, a partir de
la aprobación de la Ley del Misteri d’Elx
por las Cortes Valencianas en diciembre de 2005,
en el actual Patronato del Misteri d’Elx
que es el encargado de organizar la obra asuncionista.
Su trabajo cuenta con el soporte económico
e institucional de diversos organismos como
la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de
Elche y la Diputación Provincial de Alicante.
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